Bésame


Que el divino misericordioso se apiade de nuevo de mi alma, que no es fácil quitarse las malditas arañas, que tejen y tejen una red en la mente desmemoriada.

No ha sido fácil, pero no quiero seguir. No vine hoy aquí por esto, porque sé que no llorarás si me voy, estoy aquí porque es un constante recordatorio de lo que soy capaz.

Un corazón hiriente, sangrante, y trato de persuadir tan fuerte, pero no puedo encontrar la manera de que entienda, no soy una guerrera, sino una forajida.

Mientras el viento sopla todas las batallas ganadas sopesan en mi piel y lo que quiero son tus labios intentando curar lo incurable, la dulzura de aquello que perdí y que no quiero de vuelta, pero mis manos de nuevo agarran mi cabeza y la obligan a decir que no.

Supongo que lo merecía.

Tú serás feliz y volverás a reír, mientras los bufones bailaran entre mis raíces y encenderán una gran fogata, que tú verás e ignorarás, porque la cosa es así, la mierda es así.

Yo lloraré arrodillada ante el rey, y le pediré clemencia porque no fue mi culpa haberte amado con todas mis fuerzas, sino haberme esperado con tanta rabia, y haberme moldeado para todos, excepto para mí.

¡Oh dime de nuevo!

El desencanto de una copla es lo que hace temblar a mi corazón, porque me dejaste como siempre con la verdad, a medias, completa, larga o corta, un desaliento del señor que dice que todo pronto terminará.

Lo siento.

Una vez escuché decir que el amor no te traiciona, consterna, esclaviza, más bien te hace ser libre, ser el hombre que debiste ser desde el principio.

La declaración anterior tiene una fe de errata.

Siento que el intento de amarte haya sido en vano. Duele saber que tal vez nunca nos amamos. Nos mostramos un mundo diferente, un mundo real, uno paralelo que no tiene final, sin embargo, debo mostrarte el mío.
Te di todo lo que pude.

Mis manos aun juegan a que te besan, los niños siguen en mi cabeza, esperando con paciencia esa sonrisa que ya no sale, que tiene miedo, que no coordina, porque juraste que todo se fue pero nunca fue así.

No he fallado.

Y lo que más quiero es lo que más me rehúso hacer, porque la mirada mata cada día, el aroma se detiene justo en mi cabello, esa dulce agonía me termina acompañando todo el puto día.

Siempre termino debajo de las sábanas con sueños no terminados, para despertar otro día, y seguir esta rutina de fallidos intentos, de negocios incompletos y bailes no acostumbrados. Por lo tanto, bésame, te lo pido, como antes, como siempre, como un final amorfo de una vida cuadrada.