Este insomnio se convirtió en costumbre
— JJNESSI (@jjnessi) abril 18, 2014
Que el
divino misericordioso se apiade de nuevo de mi alma, que no es fácil quitarse
las malditas arañas, que tejen y tejen una red en la mente desmemoriada.
No ha sido
fácil, pero no quiero seguir. No vine hoy aquí por esto, porque sé que no
llorarás si me voy, estoy aquí porque es un constante recordatorio de lo que
soy capaz.
Un corazón
hiriente, sangrante, y trato de persuadir tan fuerte, pero no puedo encontrar
la manera de que entienda, no soy una guerrera, sino una forajida.
Mientras el
viento sopla todas las batallas ganadas sopesan en mi piel y lo que quiero son
tus labios intentando curar lo incurable, la dulzura de aquello que perdí y que
no quiero de vuelta, pero mis manos de nuevo agarran mi cabeza y la obligan a
decir que no.
Supongo que
lo merecía.
Tú serás
feliz y volverás a reír, mientras los bufones bailaran entre mis raíces y
encenderán una gran fogata, que tú verás e ignorarás, porque la cosa es así, la
mierda es así.
Yo lloraré
arrodillada ante el rey, y le pediré clemencia porque no fue mi culpa haberte
amado con todas mis fuerzas, sino haberme esperado con tanta rabia, y haberme
moldeado para todos, excepto para mí.
¡Oh dime de
nuevo!
El desencanto
de una copla es lo que hace temblar a mi corazón, porque me dejaste como
siempre con la verdad, a medias, completa, larga o corta, un desaliento del
señor que dice que todo pronto terminará.
Lo siento.
Una vez
escuché decir que el amor no te traiciona, consterna, esclaviza, más bien te
hace ser libre, ser el hombre que debiste ser desde el principio.
La declaración
anterior tiene una fe de errata.
Siento que
el intento de amarte haya sido en vano. Duele saber que tal vez nunca nos
amamos. Nos mostramos un mundo diferente, un mundo real, uno paralelo que no
tiene final, sin embargo, debo mostrarte el mío.
Te di todo
lo que pude.
Mis manos
aun juegan a que te besan, los niños siguen en mi cabeza, esperando con
paciencia esa sonrisa que ya no sale, que tiene miedo, que no coordina, porque
juraste que todo se fue pero nunca fue así.
No he fallado.
Y lo que más
quiero es lo que más me rehúso hacer, porque la mirada mata cada día, el aroma
se detiene justo en mi cabello, esa dulce agonía me termina acompañando todo el
puto día.
Siempre termino
debajo de las sábanas con sueños no terminados, para despertar otro día, y
seguir esta rutina de fallidos intentos, de negocios incompletos y bailes no
acostumbrados. Por lo tanto, bésame, te lo pido, como antes, como siempre, como
un final amorfo de una vida cuadrada.
