Cuando se sueña
con violencia,
Al despertar, todo
es calma,
Sólo basta con
recordar el odio en los ojos,
Las voces
calladas,
Las que
confabulan,
Y las que no
hacen nada.
Tú en el medio,
Y yo casi al
final,
Como siempre
buscando la salida;
Pero tú, aislado,
asustado y arrecho,
Me sacas de la
luz y me llevas de nuevo a ese lugar,
Sí, tú sabes cuál.
Ese cuarto
putrefacto en el cual estuve por años,
Y en el cual
ahora tú estás,
Y te sostengo la
cabeza mientras caes,
Te beso
dulcemente en los labios.
Me haces tuya,
Me dices “te amo”,
Para luego
decirme que huya,
Que estás
atascado ahí,
Que nada vale ya,
Que todos te
soltaron,
¡HASTA YO!
Y luego me pides
sonrisas,
Alegrías,
Y amor;
Y yo saco fuerzas
(Las que me
quedan),
Pero las muy
malditas no quieren salir,
E inminentemente
el llanto fluye,
Lo destruye todo,
Y te vas triste,
Regresas contento,
Te quedas
angustiado,
Te aguantas
molesto,
Y te vuelves a ir
triste,
Y yo aquí con
este cáncer en el alma,
Te recuerda que
no estuviste sólo,
Que soy humana,
Que puedo errar,
Y que lo seguiré
haciendo.
Que ya no existen
sonrisas forzadas,
Ni menos pá regalar,
Los besos están
escasos,
Pero yo veré en
donde busco,
Debajo del
colchón, debieron haberse quedado algunos,
Al igual que mi
inocencia,
Pero la peor parte
te la llevas tú,
Sólo me queda
aguantar,
¡AGUANTA, MUJER, AGUANTA!
Algún día llegará
mi hora,
Y podré descansar,
Mientras los
demás bailan en mi tumba,
Yo estaré
sonriendo,
Porque por fin
encontraré la luz que tanto buscaba.

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