Así
que sin saberlo, caminaron errantes por la selva de concreto, hasta que un día,
se volvieron a ver, se tocaron, se volvieron a besar, no entendían que había
pasado, cómo recordaban toda su última vida, y llegaron a la conclusión de que
había sido un regalo de alguien más. Una vida que no traía instrucciones, una
vida que estará llena de altibajo, llena de dolor, separación y desespero. Pero
que al final, sólo al final, podrán morir de la manera en que ellos quieran,
juntos, viejos, y con nietos.
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