Hay un hombre que
conocí,
Que nunca habló,
Se quedó callado
Hasta su día final,
Sus ojos llenos
de miedo
Penetraron en mi
conciencia,
En silencio me
dijo
“Tengo miedo porque no viví”,
Luego me regaló
su último suspiro,
Mi corazón se
hizo pequeño y delgado,
El miedo se hizo
más real
Y las dudas se
fueron con el frío de la muerte,
Era un hombre
valiente,
Fue provocado y
atacado,
Y sin mediar
palabras mató a más de cien,
¿Qué si no vivió?,
Todos los días
veía a la muerte
Cara a cara
A los ojos, sin
miedo,
Me enseñó a no
ser débil,
Nunca se gana
siéndolo,
Las sonrisas
también son esporádicas
Como los orgasmos,
Pero yo he vivido
Sin matar a más
de cien
Pero no he visto
a la muerte
Ni la he olido
Y soy su más
servil hija.
Señor de canas
blancas,
Te fuiste sin
decir más nada
Y yo aquí
pudriendo la casa
De las paredes
abombadas,
Se cae a pedazos
Se une a las
casas muertas de Otero,
Y el pueblo sin
devoción canta,
Porque el Dios
misericordioso volteó la mirada,
Huiste,
Y yo aquí,
No hay esperanza
para mí
En este mundo tan vil.

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