La historia que por fin me atrevo a contar


**    La misma historia se repite, esa historia que nadie se atreve a contar, cuando la soledad ataca y sólo queda la espera de algo que te impulse a seguir. Porque mientras regalas sonrisas a un mundo de nadie, tú esperas, y yo, aquí sin ganas, porque la muy maldita cansa.

      Te conviertes en el guardabosque de las almas perdidas, y aguantas sus rostros en la luz para que vean con claridad mientras que tú, en la oscuridad te ocultas, para no estorbar, para no aburrir, porque ellos siguen, y tú, como siempre esperas el regreso.

      Sólo por minutos recuerdas aquel héroe, ese quien te mantuvo a salvo de los desertores, mientras que otros se reían de tus pecados, él no lo hacía, aunque estuvieses rota, y deseas ahora que sostenga tu rostro en la luz.

      -¿Cómo se convirtió en ese hombre?-

***   Mientras yo escribía lo rota que estaba, otros me recordaban lo que odiaban de mí, y mientras me deseaban fuera de éste mundo, otro en el silencio me dio su mano, y aunque no lo sabía, volvió a salvarme, volvió a hacerme reír.


      -Perdóname héroe- le dije, -no puedo quedarme, pero nunca de verdad estuve ahí, porque él me encerró, me dañó, y cortó mi lengua. Aunque suene malo, no lo es, lo merezco, mientras yo, aquí perezco, vivo y sueño, aquí entre los sueños tardíos y las palabras inconclusas, extraño tu olor-

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