Carta





El tiempo se paraliza cuando pienso en ti, y la verdad es que trato de pensar poco a poco para que la memoria no se atrofie, porque son pocos los recuerdos que me hacen suspirar.
Eras todo lo que había soñado, y ahora solo existe un vacío inmenso en el alma… y vivo, convivo con él todo los días, a cada hora, a cada minuto.  Antes no te hubiese dejado ir, me hubiese aferrado a tu alma, y a lo que te convertía en amor perfecto, pero ya no quiero, no puedo.
Son tantas las veces en que me sentí sola estando a tu lado, que no supiste comprender que la soledad venía de ti, de tu incomprensión, de tu espalda en mi cara. No existe el amor sin condiciones.
Lo que hice pesa más que tus errores, y es que tú eres humano, y yo sólo soy una tonta, maldita, estúpida.  Las mil un palabras dedicadas no bastan para decirte que te amo, y que nunca va a cambiar.
Hablar me hace daño, me carcome tu silencio, me rompe el alma tu desprecio.

Lo suficiente que soy no sirve, te miento si te digo que no volveré a fallar, porque lo haré una y otra vez, durante el resto de mi vida, porque no hay perfección y te cuesta vivir sin ella, y a mí me cuesta vivir sin tus palabras.

La culpa prestada no tiene intenciones de volver a su origen, y yo no la quiero conmigo, estoy cansada, derrotada, ignorada.

Nuestro pasado crece cada día, y no lo ignoramos, lo amasamos, lo comemos y nos odiamos.Nunca supe lidiar con la calma, no soy así, no lo entiendes, no lo quieres, o no lo aceptas.

“Pérdida de tiempo”, eso es lo que escucho cuando trato de pensar en tus palabras. Y es que al final, seré yo de nuevo la vil, la que nunca entendió, la que abandonó todo, la que nunca perdió nada. Cuando de verdad seré la que nunca escucharon.

Prefiero ser una perdedora que estar en silencio y suspendida en un no sé de qué cosas pasaran dentro de poco. Nada es lo que siento, y un miedo atemorizante.

Como te digo que te amo y que me dolerá hasta mi día final dejarte ir, pero ya no tengo fuerzas para “estar bien”.
Lloro en silencio para no molestar, para no incomodar, porque la verdad es que me duele cada fibra de mi cuerpo cuando tu palabras cruzan con otras pero no con las mías, excepto cuando callas mis inquietudes, mis molestias, mi inconformidad. 
Para ti seré siempre la equivocación hecha niña, nunca una razón merecida. La causa y la consecuencia de tus actos.

Y que tanto te amo amado mío que la razón no existe desde que te conocí. Te concedí casi todo lo que querías, cambié mi forma de ser para amoldarme a ti así como lo hiciste para mí. 
¿Y qué ganamos? Un adiós merecido, un olvido inminente, los recuerdos de unos besos calientes, que quemaban hasta el alma. Y es que nunca te olvido, no te lo mereces, tu no. 

Comentarios