Me agito


Tantas veces me caí y tú como siempre estuviste ahí,
Esa mano acogedora que tanto busque y que no pude ver,
Tu tan perfecto como siempre, míamente tu,
Ilusas fantasías me acompañaban,
En un rubor de quien no sabe nada y no se interesa por saber.
Buscaste incansablemente el algo que me atormentaba,
Lo destruiste y ahora en mis sueños vagas.
Me esperas pacientemente como si supieras como soy,
Porque amado mío no obedezco tu órdenes,
Aguarda que yo sabré complacerte,
Y es que nuestro amor es suficiente que el goce puede esperar.
Como maldigo las horas que estuve sin ti,
Mi mundo se acomoda,
Se agita,
Se atormenta,
Es poeta,
Son versos,
Son prosas, si, prosas,
El ejemplo perfecto de imperfección tal y como a mí me gusta.
Son tus cabellos erizados en las mañanas y por el viento,
Es tu sonrojes al hablarte libre al oído,
Es tu deseo de ser perfecto a mis besos,
Que mi boca se cansa de esperar y no sabe explicar que te quiero así,
Sin cambiar.
Es querer que todo lo que leo sea mío,
Es tener mis putas memorias con sentidos,
Que tu demora se justifique con un suspiro,
Y es que por fin entiendas que la casualidad de nuestro encuentro,
La hizo el destino,
La forjamos nosotros,
Dos corazones locos,
Apasionados por la compañía,
De saber amado mío, que estamos solos en este mundo.
Llegar a los seis y más allá,
De esperarte un día más,
De pelear en la madrugada por mi paciencia,
Despertar a tu lado sin conciencia,
De avergonzarte en público con besos furtivos,
De amarte sin prisas,
De ser tuya y de nadie más,

Porque sin ti, sin mí, no hay una historia más,
Que pueda hacer de estos pobres poemas mis dulces anhelos de reencuentro.

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