Las aguas turbias de la soledad
suelen navegar tranquilas por mi mente
cada hora de cada día,
haciendo que poco a poco mi cuerpo
se vuelva más inerte,
y simplemente deja de reaccionar
con el pasar de los segundos.
Un éxtasis de nada,
sin emoción alguna,
que se confunde con el deseo de amar,
de dolor y a veces de locura.
Las rimas pierden sentido con el sonar del silencio,
y el dolor agonizante de mi cuerpo
que pide a gritos tu recuerdo
se desvanece cuando pienso en lo terso de la ilusión
que se sienten con cada latir de este corazón viejo y herido.
Paciente espero mi olvido,
aquel que tanto esperabas sentado,
anhelabas y soñabas,
solo espero que me olvides con recuerdos gratos,
mas no con desgracias a tu calma.
Mi viejo amigo,
mi compañero,
mi único recuerdo,
en las aguas turbias del desencanto,
en donde ya no haya más luz
ni oscuridad
pereceré al contar
cuantas estrellas se necesitara
para que el infinito sea imperfecto
y mi amor se pueda recitar.
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