Tú allá y yo aquí
Dos corazones confundidos
Uno lleno de odio
Otro lleno de olvido.
Al entrar a aquella casa sentía el ruido incesante de la música que penetraba mis sentidos e iba dibujando en mi rostro una tenue sonrisa de incomodidad. Me sentía fuera de lugar –No pertenezco aquí- me repetía una y otra vez dentro de ese mundo podrido al que yo llamo cabeza. La incomodidad iba creciendo cuando de pronto entre la muchedumbre tus ojos se cruzaron con los míos, así como si el destino existiera y nos hubiese puesto ahí para obligarnos hablar y no un plan benévolo de perseguirte. Tampoco influye el hecho de que me haya convertido en amiga de la novia de tu amigo. Pero eso no es relevante.
Tu estabas allá, tan perfecto como antes, tan odioso, tan seguro de ti, con esa errática timidez que proviene desde tu sonrisa hasta tus manos sudorosas.
Y yo, nada cambiada, la misma loca, con misma figura, ciertas marcas de cansancio por no lograr conciliar el sueño sin ti a mi lado.
Trate de regalarte mi mejor sonrisa, y antes de que eso sucediera, tú me diste tu malévola mirada. Esa mirada de asesino, que me hace temblar, cuando empiezo a creer que tú eres el único con derecho a matarme.
Simplemente mis tensos músculos dejaron de funcionar y ahí me quedé, viéndote. Las personas, el ruido, la droga, el alcohol, todo era un escenario perfecto para morir en tus manos. Sentí que mi cuerpo se vació cuando te acercabas a mi y cuando por fin luego de un silencio de casi tres años emitiste una simple pregunta - ¿Eres feliz? – y te quedaste ahí, esperando una respuesta. Pero mis labios tercos no pronunciaban sonido alguno y yo sólo quería terminar este acto. Luego de que volviste a formular tu pregunta, aquellos labios que yo daba por muertos te respondieron – NO – Miraste a mis ojos ya agónicos y preguntaste - ¿Por qué? – Y yo traté de armar la mejor respuesta – el arte que existía en mi corazón, se plasmó en una profunda agonía desde que partiste. No, no soy feliz porque hoy moriré y tu no estás amándome – Sentía correr un fuerte sudor que provenía desde el centro de mi cabeza y recorría con un rápido acabar mi cara y senos. Mire tus manos ya bañadas en sangre y lo entendí, lo entendí perfectamente.
El dolor agónico desapareció y con el, tu. Me ayudaste a bajar y repetías sin cesar -Todo acabará – Yo solo pensaba cuanto deseaba besar tus labios y tú lo dedujiste, tomaste mi cara, me miraste con amor y como ultimo recurso me besaste. “Malditos besos llenos de veneno”.
Y así fue. Tan mórbido, tan perfecto. Mi cuerpo paso a ser desperdicio toxico y tu, simplemente olvidaste y dejaste de sentir la inexactitud, la suerte y el amor. Hoy solo estás, pero voy a tu lado como siempre. Unificarme con el agua, aire, comida, sexo ese es mi plan, no volver a vivir, y todo eso es para que cada paso que des sea yo añorándote para mí.
Por: JJ NESSI
Para ti y solo para ti

Comentarios